Un proyecto por definir

El Barça 2021-22 todavía no sabe dónde se dirige. Al menos en los rasgos que deben completarlo después del proceso de reconstrucción iniciado este curso por Ronald Koeman. Hay varias incógnitas de la ecuación que no están resueltas. Al contrario, están muy en el aire por diferentes circunstancias. Son días de continuas reuniones en las oficinas de Can Barça, con Laporta, Yuste, Alemany y Planes como protagonistas, porque hay que empezar a decidir por dónde van a ir los tiros.

El primer asunto a resolver es la renovación de Messi. Han sido, sin embargo, dos semanas difíciles para avanzar porque el argentino, por respeto también al equipo, quiere darle máxima prioridad al tema deportivo. Y tocaba mirar al Clásico y ahora, a la final de Copa del próximo sábado ante el Athletic. La luz verde o roja de Messi a su continuidad también es básica para saber sobre qué márgenes económicos se moverá el equipo la próxima temporada. Este martes se pudo ver al presidente del Barça, Joan Laporta, abrazado a Messi en el acto de la foto oficial. La mejor señal de la buena sintonía que hay entre el presidente y el crack argentino, pero ninguna garantía de lo que ocurrirá.

Tampoco está muy claro cuál será el fichaje franquicia de la próxima temporada. Joan Laporta se ha reunido con Mino Raiola por Haaland; y con Pini Zahavi por Neymar y Alaba. Es el mejor símbolo de que el proyecto aún no tiene una dirección clara. Haaland es un nueve, Neymar un futbolista para movese entre líneas o directamente en el extremo. Si la apuesta es el noruego, será difícil colocar jugadores en la operación. Si la elección es el brasileño, Griezmann y Dembélé, especialmente este último, podrían estar en la partida.

Hay un escenario incluso más peliagudo para el Barça. Que no tenga dinero para afrontar ningún fichaje de campanillas y el proyecto sea renovación de Messi más fichajes low cost. Es el que tenía, por ejemplo, Víctor Font. Eso incluiría a jugadores como Èric García, Wijnaldum, Agüero y Depay. Por regresar al inicio, a la coctelera hay que añadirle que Messi prioriza el proyecto deportivo para seguir. Cómo componer ese rompecabezas es asunto de Laporta, Alemany y los suyos. Es el momento de tomar una dirección.

Laporta ‘redebuta’ en un palco al lado de Nasser Al-Khelaifi

Aunque todavía no es presidente oficialmente (la toma de posesión no se producirá hasta que presente el aval de casi 125 millones de euros en LaLiga y este sea aprobado), Joan Laporta quiso estar desde el primer viaje al lado de sus jugadores. Invitado por el presidente de la Junta Gestora, Carles Tusquets, Laporta y su vicepresidente deportivo, Rafa Yuste, pasaron el correspondiente PCR este lunes y viajaron ayer martes.

Laporta esperó a sus jugadores en la zona de embarque y fue saludándolos uno a uno. Estuvo simpático con Dest y muy cómplice con Messi y Alba, con quienes se nota a leguas que mantiene una relación especial. Laporta tampoco pretende ser invasivo, pero está claro que en los primeros días debe llenar el vacío de poder que ha habido en el club durante meses. No sólo desde la dimisión de Bartomeu, sino desde que el ex presidente dejó de tener contacto con sus jugadores. «Aunque yo no he hablado con él, ya lo haré en el futuro, es importante que tengamos un presidente», dijo ayer en sala de prensa Frenkie de Jong.

Pero Laporta quería estar en París por más cosas. Al nuevo presidente del Barça no le ha gustado nada el comportamiento del PSG en el asunto Messi. De hecho, durante la campaña electoral estuvo durísimo y en esa línea ha seguido estos días. «El PSG le faltó el respeto al Barça al hablar públicamente sobre Messi. Un jugador puede desear públicamente la llegada del mejor jugador de la historia. Un club, no. Leonardo se equivocó y creo que lo sabe. Estoy seguro de que el PSG ha entendido bien el mensaje. El partido de París será mi primero como presidente. Amo nuestra nueva rivalidad, aunque tengamos dos modelos distintos: uno es de su afición, el otro de un emir que pone dinero al final de la temporada», dijo Laporta en Le Parisien, insistiendo en la línea de sus declaraciones contras los que llama “clubes-estado”.

Laporta mirará a los ojos a Nasser Al-Khelaifi en el palco. Es posible que Carles Tusquets le informe de los acontecimientos del partido de ida. Entonces, trascendió entre bambalinas de que el dirigente parisino se saltó el protocolo y celebró a los grandes los goles de su equipo. Tal vez, con el Barça al fin con presidente, todo sea distinto

Leo Messi llega a París en plena armonía con el Barcelona

La potentísima imagen de Messi ejerciendo su derecho al voto el pasado domingo en las elecciones del Barça cerró definitivamente el doloroso trance del burofax. En menos de siete meses, el argentino ha pasado de mostrar su voluntad irrevocable de abandonar el club, a participar activamente en su vida institucional. La fotografía ya está en la historia del Barça y, sobre todo, ha servido para unir al porcentaje de masa social que se mostró dolido por las formas drásticas del jugador, que no soportaba un minuto más de convivencia con la anterior Junta directiva.

A día de hoy, Messi aparenta plena armonía con el Barça. Su abrazo con Koeman después de la remontada contra el Sevilla tuvo un enorme valor simbólico, casi el mismo que su aparición por las mesas electorales del Camp Nou, de la mano de su hijo Thiago. La elección de Laporta ha sido la guinda perfecta para que la afición piense que su continuidad es posible. «Quiere al Barça, tenemos que animarle para que siga», arengó Laporta a la afición en su discurso de ganador el domingo por la noche. En París, no obstante, todavía quieren verlo en el PSG la próxima temporada. Según L’Equipe, el factor Neymar puede pesar en la decisión del argentino. Claro que también Messi pidió al brasileño que no se marchase en 2017 y este hizo oídos sordos.

Es fácil adivinar que después de la carrera electoral, el Barçagate y la elección de Laporta, la renovación de Messi se convertirá en el culebrón del próximo mes en Barcelona, especialmente si se advierte que en dos semanas hay un parón liguero. Pero Messi está a otra cosa. Una temporada que amenazaba ruina se ha enderezado hasta el punto de que tiene a un partido su título 35 con el Barça (final de Copa ante el Athletic en La Cartuja) y su undécima Liga aún es posible (quedaría a una de las doce de Gento). Messi camina, además, hacia su octavo trofeo de máximo goleador de LaLiga. Ya dejó atrás a Zarra (6). Y si es capaz de ganar la Copa, igualará a Piru Gainza con siete títulos. Messi anunció en Navidad que esperará a final de temporada para tomar una decisión. El crack deberá manejar bien los tiempos de su anuncio y de su discurso para que no altere el bienestar del vestuario, una de las claves del buen momento del Barça. Y seguro que está en ello. Porque si algo le gusta al argentino, es ganar.