Matheus, apareció el ‘fantasma’

Matheus Fernandes (30-6-1998) no era un fantasma. «Está trabajando bien», había advertido Ronald Koeman en la rueda de prensa previa al partido. Dicho y hecho. Matheus apareció en el Olimpiyskiy en el minuto 73 de partido. Sustituyó a Pedri y, al menos, ya podrá decir que ha vestido la camiseta de Barcelona, que piensa en una cesión para el mercado de invierno.

Matheus es algo así como un jugador clandestino en el Barça, que sí presentó a los otros fichajes este verano (Pedri, Trincao, Dest, Pjanic), pero tapó a Matheus, que había llegado del Palmeiras y había sido cedido al Valladolid, donde apenas había jugado. El brasileño, mediocentro, jugó junto a Aleñá y Riqui en el centro del campo cuando salió. El club no esconde que pretende su cesión pero, de momento, el brasileño ya ha cumplido un sueño.

La Masia levanta la voz

Lo dijo Óscar Mingueza después del partido. «Se lo dedico a mi gente porque sólo ellos saben cuántas horas de trabajo y cuánto sacrificio cuesta jugar en este club». A sus 21 años, el central cumplió, con su partido aseado en el Olimpiyskiy, el sueño de cualquier jugador de La Masia, más si como en su caso entra en la edad de prebenjamín, a los siete. Casualmente, o no, Mingueza compartió equipo titular con Carles Aleñá (hará 23 años en enero), otro futbolista que también empezó en prebenjamines, que fue imagen de La Masia hace bien poco, en su edad de juvenil; y que ya se tuvo que ir a hacer la mili en el Betis. «Se lo merecen porque trabajan muy bien. Cuando lo haces bien te llegan las oportunidades. En La Masía hay mucho nivel y estoy contento por ellos». Aleñá hablaba en plural porque Riqui Puig (21 años) y Konrad (19) también debutaron en Champions. Y el Barça ganó 0-4.

La Masia levantó la voz en Kiev y hay cierto simbolismo en los minutos para Mingueza, Aleñá, Riqui Puig y Konrad. El Barça, en grave crisis económica, lleva años negando a la cantera de la que tanto presume. Escudado en el argumento de la exigencia de los títulos, que hacía necesaria incorporación de jugadores ya hechos y de rendimiento inmediato, la participación del ‘planter’ en los últimos tiempos había quedado mermada hasta el punto de que Sergi Roberto había sido, hasta Ansu Fati (18 años) el último jugador criado en casa que se ha asentado en el primer equipo.

Puede que lo de Mingueza, Aleñá y Riqui en Kiev (falta el central Ronald Araújo que, con 21 años, está lesionado pero ya forma parte del primer equipo) quede como una nube de verano pero, desde luego, permitirá reflexionar al club y, especialmente, a los candidatos a la presidencia del Barça. La renovación de Messi y la guerra de nombres (Haaland, Mbappé) que se desatará en la campaña puede volver a esconder bajo la alfombra la obligación de que el Barça vuelva a mirar abajo y se reencuentre con sus orígenes. Futbolistas con ilusión que conocen la idiosincrasia del club en el que han crecido, saben la tierra que pisan y la ciudad en la que están; pagarían casi por llevar esa camiseta, para recuperar la ilusión del socio y enderezar el rumbo de la entidad.

Será clave aquí la labor de Koeman. El holandés, que había empezado lanzado en su apuesta por los jóvenes, especialmente Pedri (18 años este miércoles) además de Ansu, había parado en los últimos partidos, refugiado en la jerarquía de las vacas sagradas que aún permanecen en Can Barça pese a las marchas de Suárez, Rakitic o Vidal. El partido de Kiev puede ser el argumento definitivo para que el holandés suelte la cuerda a los más jóvenes. En el fondo, esa y no otra puede ser su gran ventaja para ser un entrenador de consenso para los futuribles a la presidencia.

No sólo fueron los canteranos. También los que se comportan como ellos como Dest (20 años), cuyo empuje empieza a ponerlo por delante de Sergi Roberto; y como Pedri, al que casi podría considerarse de La Masia por su condición de culé de toda la vida y de su conocimiento del juego que ha permitido que el Barça venda un estilo y una manera de ser de cara al exterior. En Kiev, el Barça jugó con un once inicial con una media de edad casi seis años menor que la del equipo que salió a recibir ocho goles frente al Bayern. No pueden compararse los rivales ni las situaciones. Pero sí la ilusión que debía hacerles a los protagonistas los objetivos en esos dos escenarios. Y, a hambre, está claro que ganan los de Kiev. Y que La Masia levanta la voz con múltiples nombres propios. Al menos, para que se cuente con ella en un futuro inmediato.