El código interno del vestuario: una reliquia del pasado

En el 2008, Pep Guardiola decidió crear un código interno para poner orden y concierto al descontrol total que se había vivido en la última temporada de Frank Rijkaard al frente del equipo. No sólo echó a dos de los ‘culpables’ del caos en el vestuario, Ronaldinho y Deco, sino que instó al club a que formalizara un código interno de comportamiento. El entonces secretario técnico, Txiki Begiristain, y la directora general, Anna Xicoy, fueron los encargados de plasmar este código de disciplina en un documento, que se entregó posteriormente a todos los jugadores. Se trataba de explicitar claramente las normas por las que se tenía que regir un jugador, tanto dentro como fuera de las instalaciones del club, imponiendo asimismo un elaborado sistema de sanciones y multas. Los jugadores debían estar en casa antes de la 1 de la madrugada, no podían salir 48 horas antes de un partido, estaba prohibido la práctica de deportes de riesgo, incluida cualquier actividad extradeportiva que implicara un mínimo riesgo, tenían que llegar una hora antes del entrenamiento y así un largo etcétera de normas y obligaciones.

Este código interno se ha mantenido hasta hoy, pero con muchos matices y lagunas en su contenido. La marcha de Guardiola dejó un vacío en este sentido, haciendo directamente aguas con Tata Martino. No fue hasta la llegada de Luis Enrique, que se recuperó de nuevo este código interno en toda su extensión, imponiendo además un sistema de multas mucho más estricto que el de Guardiola. Por poner un ejemplo, los jugadores tenían que firmar en un papel cuando llegaban a la Ciutat Esportiva, este papel lo recogía el delegado una hora antes de empezar la sesión, quien no estaba en el papel pasaba directamente a la nómina de sanciones, con una multa inicial de 200 euros. El problema era que si repetía el cálculo era exponencial y no aritmético, por lo que más de un jugador llegó a abonar una parte sustancial de su sueldo en multas. El récord, cómo no, fue para Gerard Piqué. De hecho, llegaron a tener tal volumen las cantidades recogidas por las sanciones que se pasó de utilizarlas para celebrar comidas de la plantilla a destinarlas a proyectos solidarios de ONG.

Con la llegada de Ernesto Valverde, la rigidez de las multas dio paso al sentido común. El técnico extremeño era más partidario del diálogo al castigo, pero si la fórmula funcionó las dos primeras temporadas, en la última dio claros síntomas de agotamiento, con la ‘escapada’ de Arthur a Andorra y la ausencia de un entrenamiento de Dembélé sin avisar como principales y llamativos agravios.

Con Quique Setién, el código interno sigue sin dar señales de vida. Un hecho como el que protagonizó hace unos días el central catalán, llegando al partido contra el Espanyol en bicicleta eléctrica y sin casco, hubiera sido castigado de forma ejemplar en el seno del club: no sólo utilizaba un medio de transporte prohibido expresamente por el código interno, sino que lo hacía además por las calles de Barcelona y en un día de partido, asumiendo un riesgo intolerable de un posible incidente, que le hubiera hecho imposible jugar el partido de fútbol. El grado de desconcierto que se vive dentro del vestuario se constató con las últimas imágenes de Piqué haciendo wakesurfing en el pantano de Sau, que colgó él mismo en las redes sociales. Y es que estas nuevas modalidades de deportes no están ni tan siquiera recogidas en el código -elaborado como ya hemos comentado hace doce años-, pero se sobreentienden que están totalmente desaconsejadas,

No hay duda de que el código interno es un arma fundamental que tiene el entrenador para controlar a sus hombres. Ahora mismo este recurso está totalmente desfasado y en el baúl de los recuerdos. Sólo dos entrenadores lo han llevado hasta las últimas consecuencias -Pep Guardiola y Luis Enrique-, y curiosamente los dos consiguieron tocar el cielo deportivamente hablando en su primer año de implantación, conquistando sendos tripletes. Veremos quién será capaz de remover otra vez el vestuario para regresar a la senda de los triunfos deportivos.